Quiero entrenar con un psicólogo deportivo

¿Cómo piensa un dopado?

Hoy nos preguntamos lo siguiente: ¿Por qué se dopan los deportistas y qué piensan?

Hay dos tipos de suministro de doping: organizacional (es la jerarquía del equipo quien opta porque sus trabajadores tomen sustancias prohibidas de forma sistemática); o, la más frecuente, el suministro individual (es el deportista el que busca una mejora clara del rendimiento a través de este consumo sobre el que deposita confianza ciega -y ahí está la clave psicológica del dopaje- y se provee de estas sustancias por su propia cuenta).

Cuando el dopaje es colectivo (todo el equipo) los deportistas se dopan porque consideran que esta acción es “lo normal”, es lo que “se hace y punto”, y un acto de “compromiso y unión entre todos”, como una especie de vínculo secreto al modo de una secta donde el sentimiento de culpa, o de estar cometiendo un delito, se diluye entre sus miembros hasta desaparecer.

Cuando el dopaje es “por cuenta propia” el deportista anhela con todas sus fuerzas alcanzar los objetivos que, cree, le están vetados en condiciones normales: porque su físico no da para más, porque tiene que probar “algo nuevo” para salir del bache o, muy frecuentemente, “porque es la solución a su mala suerte”, es decir, la persona llega a autoconvencerse de que el incremento de su rendimiento por el dopaje no es más que “crear las condiciones adecuadas para que no pase nada malo que le vuelva a frenar”. Sus afirmaciones son del tipo: -“yo merezco conseguirlo, he tenido muy mala suerte y, al fin, están saliendo las cosas; puede que haya mejorado con “el consumo” pero sé que si hubiera tenido más suerte lo hubiera conseguido de todas maneras; simplemente estoy consiguiendo lo que merezco y por lo que he luchado, ni más ni menos”.

¿A que pocas veces un deportista dopado reconoce que no hubiera conseguido sus éxito sin esa “ayuda extra”? El autoengaño es un arma muy poderosa y todos nos podemos creer nuestras mentiras si nuestro ego y nuestro orgullo están en peligro. ¿Hay alguien que tenga más ego que un deportista de élite?

Sin embargo el efecto extraordinario del doping ilegal no se debe exclusivamente al consumo de las sustancias.  El deportista que recurre al dopaje se encuentra ante un bloqueo en su rendimiento, la mayoría de veces se trata de un bloqueo psicológico que le impide extender sus límites físicos. Antes de recurrir a un psicólogo deportivo, para eliminar esta barrera imaginaria a través del entrenamiento psicológico, la salida más rápida es recurrir al dopaje.

Sorprendentemente el efecto en el rendimiento de las primeras “tomas” es mucho mayor que el que cabría esperar en las primeras etapas de consumo ¿Por qué? La explicación está en “el efecto placebo”, es decir, el deportista pone toda su confianza y fe en el efecto que, estima, tendrá el dóping provocando que desaparezca el bloqueo psicológico debido a la seguridad que ha adquirido el deportista de que su cuerpo no le traicionará y dará de sí cuanto le pida porque, como suelen decir: “ahora si me canso no me paro porque sé que mi corazón puede aguantar mucho más, sé que no voy a explotar aún”.

Esta mejora, psicológica -no química-, puede alcanzarse igual sin necesidad de tomar estos peligrosos atajos. El efecto placebo representa la necesidad de entrenar y desarrollar al máximo el factor psicológico para la mejora del rendimiento deportivo.

José Ángel Caperán

futboldecabeza.com

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