Quiero entrenar con un psicólogo deportivo

Asumir el dolor, asumir la imperfección… Y continuar

Todo el mundo habla de la ansiedad porque todos creen sentirla cuando afrontan situaciones inciertas. La ansiedad es miedo. Un miedo ligero, no pesado como el terror, ante la posibilidad de que ocurra algo que nos dañe física o emocionalmente. Sin embargo, pocos hablan de que, en la mayoría de los casos, la ansiedad se deriva de la resistencia hacia lo que no podemos controlar e inevitable.

El deportista de élite debe asumir que nunca estará al cien por cien, que nunca estará libre de dolor y que jamás será toda su preparación perfecta, ni toda su carrera un camino de rosas. Asumiendo que nunca habrá ausencia de dolor, el deportista ha de graduarlo él mismo según su trascendencia:

  1. Dolor incapacitante: no puede realizar el movimiento que pretende. El jugador no puede competir.
  2. Dolor por esfuerzo: cuando el jugador aumenta su exigencia en el campo y provoca un dolor que condiciona su ejecución desde entonces y puede llevarlo a no competir.
  3. Molestia por esfuerzo: cuando el jugador aumenta su exigencia llega a provocar dolor “molesto” pero no incapacitante, que puede socavar la confianza del deportista en las siguientes jugadas por el temor de pasar de “molestia” a “dolor”.
  4. Molestia crónica: el jugador siempre juega con un dolor “molesto”, continuamente, y al que ha de acostumbrarse y cumplir con toda la parafernalia de conductas profilácticas y de recuperación para mantener controlada la molestia y no escalar a “dolor incapacitante”.

Por lo tanto, el deportista ha de incorporar, de forma automática, toda una rutina de aminoramiento del dolor del esfuerzo hasta quedar en molestia crónica. El objetivo es procurar que no se llegue a dolor incapacitante pues, entonces sí, podemos decir, salvo accidente, que no se ha cuidado bien. O que el cuerpo ha dicho basta.

No sólo encontramos en la rutina de aminoramiento la parte médica y de fisioterapia, además incorporamos la parte psicológica:

  1. La estimulación psicomotriz (trabajo de la propiocepción y visualización de los movimientos técnicos óptimos).
  2. La racionalización de emociones negativas. No podemos recuperarnos de una lesión con emociones negativas, pues éstas provocan tensión muscular y distracción hacia estímulos estresantes que envenenan la predisposición de nuestro cuerpo a curarse.
  3. El análisis exhaustivo de rendimiento hasta ese momento en competición y el entrenamiento psicodeportivo ante las lesiones.

El objetivo de la psicología deportiva ante las lesiones es volver mejor, no igual. Y este no es un propósito idealista sino basado en la posibilidad que las sesiones le otorgan al jugador de desarrollar la parte psicológica de la preparación física, la parte psicológica de la técnica, de la táctica (toma de decisiones) y la optimización de la motivación, autoconfianza, la activación y la atención. En definitiva, “abrir” el capó de nuestro “Ferrari” y conocer por qué se ha parado, por qué se mueve y si estamos sacándole el máximo partido a todas sus piezas.

El jugador que nunca ha trabajado, de forma profesional, el pilar psicológico del rendimiento no sabrá dónde está su límite. Pues muchos jugadores creen que saben rendir psicológicamente, creen que saben qué es la psicología deportiva (generalmente, algo abstracto y centrado en la motivación) pero, hoy en día, la psicología deportiva abarca un trabajo técnico, concreto y medible, que optimiza todas las variables implicadas en el rendimiento. Pues el pilar psicológico es el factor trasversal a toda la preparación del deportista.

Y tú, jugador, si aún estás en activo, sin trabajar este pilar fundamental no te retirarás afirmando que has dado el 100% de tu potencial.

Contacta con nosotros e infórmate en contacto@futboldecabeza.com

José Ángel Caperán

Psicólogo deportivo

futboldecabeza.com

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